Asimismo, veo imprescindible valorar la diversidad social. Todos somos diferentes, cada uno con sus cualidades que lo hacen único tanto en el físico como en la personalidad. Hemos llegado a un punto en el que la sociedad le da más importancia al aspecto físico de una persona que a lo que realmente puede aportar.
Esta situación se ve muy clara, por ejemplo, en las entrevistas de trabajo. Muchos de los candidatos que se enfrentan a un entrevistador son rechazados por el simple hecho de no causar buena impresión, producida por la inapropiada vestimenta o por el aspecto físico. Es decir, puede que por los valores de selección del entrevistador se pierdan excelentes trabajadores que pueden obtener mejores resultados que muchos otros que solamente ofrecen una buena imagen.
Esta claro que no estamos hechos para gustar a todos ya que resulta realmente imposible. Hay que darle más importancia al interior que al exterior porque poco a poco y con el paso del tiempo es lo único que realmente se va a mantener en cada uno de nosotros. Como bien dijo el gran presidente estadounidense John F. Kennedy: “Si no podemos poner fin a nuestras diferencias, contribuyamos a que el mundo sea un lugar apto para ellas”.
En definitiva, la sociedad es una máquina que solo valora tipos de figuras ya definidas. Nosotros mismos somos los que hemos provocado que hoy en día nos fijemos más en la imagen que en el interior y hagamos un uso inadecuado de ello. Por consiguiente, debemos ser nosotros los que hagamos de esta sociedad un mundo que valore la diversidad.

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